EL CAMALEÓN

// Marzo 8th, 2010 // Uncategorized

camaleon1Esta mañana de domingo en el suplemento de negocios de EL PAÍS, he topado con una reseña de un nuevo libro que responde al título de “Fuzzy Marketing”. Parece ser que parte de la siguiente hipótesis: el consumidor como un paradigma del disfraz, un hipócrita del shopping, un incordio de tipo que trata de jugar con los marketinianos para que éstos tengan mil dudas a la hora de tratarlo.

El subtítulo del libro es el siguiente: “Cómo comprender al consumidor camaleónico”. Seguramente los autores pensaron en este subtítulo como el idóneo para el título  pero alguien con la cabeza bien amueblada en la editorial, algún cráneo privilegiado que diría Valle Inclán; les debió decir que mucho mejor era encabezar el tratado con alguna expresión que llevara el apellido “marketing” o si no, al menos,  con cualquier palabra o palabro  que acabe en “ing”. Al fin y al cabo es lo que vende.

Evidentemente no me he leído el libro todavía aunque ya me he precipitado a comprarlo por Internet. Eso no quita para que, coincida o no con los autores en su análisis o diagnóstico, a esto del cliente camaleónico yo ya le estaba dando vueltas desde hace tiempo.

Lo cierto es que como consumidor bacilón que soy, trato de despistar con elegancia indisimulada a cualquier venturoso científico del marketing que quiera diseccionarme cuan rana o sapo sin Tiana, y conocer mis hábitos de compra.

Aún a riesgo de desnudar mi alma consumista no tengo reparos en admitir que a veces compro en Dia % y a veces en Supercor. A veces soy “zarista” –de Zara, no de la Rusia de Anastasia-, y a veces voy a una boutique. Soy un palomitero de pelis de evasión y también un cronista de lápiz y bloc en la sala 1. Lo mismo me compro un disco que me descargo la música de Internet. A veces me gusta coger el coche para aparcar en la puerta de mi destino y a veces tiro de bonobús. Teatro callejero o palacio de congresos, grada lateral o tribuna, calle Jarauta o baile de la alpargata, tendido de sol o tendido de sombra, Mac Donalds o Arzak y un largo etcétera de decisiones controvertidas de este flexible y adaptativo burgués provinciano que les habla.

Hace tiempo que renuncié a clasificar clientes. Me estresa hacerlo. ¿Para qué? Si hoy  me dice que me compra por precio y mañana me dice que por calidad. ¿Para qué? Si hoy se muestra competitivo en una negociación y mañana se muestra cooperador sino conciliador. ¿Para qué? Si hoy lo más importante es su trabajo y mañana su vida privada. ¿Para qué? Si hoy me dice que la crisis le está hundiendo y mañana no ve más que oportunidades en la misma coyuntura. ¿Para qué? Si hoy está satisfecho con su proveedor actual y me pone todas las trabas del mundo para recibirme y mañana me dice que menos mal que, como diría Indurain, estoy ahí.

En fin, que me basta un espejo en donde mirarme para entender a los clientes y su hipocresía decisoria. Los valores cambian y lo que hoy es negro mañana puede ser cuando menos gris sino blanco. No cambiamos nosotros, cambian nuestras circunstancias, nuestro hábitat. El llamado entorno, ese contexto virulento, inhóspito, agresivo, dinámico y fulgurante en que nos movemos y que nos deriva inexorablemente a una mutación constante de piel para poder sobrevivir.

El cambio se antoja necesario y no es precisamente el pausado, seguro, armonioso y rupturista cambio de la crisálida a la mariposa. No, más bien es la transformación del camaleón: camuflado, fugaz, etéreo y sutil. No se trata de una mudanza ulterior y permanente. En realidad se trata de un disfraz casero, un holograma que nos sirve para adaptarnos al hábitat con el disimulo necesario para cazar la mosca que revolotea impávida esperando nuestra larga lengua cazadora.

3 Responses to “EL CAMALEÓN”

  1. NACHO SIBÓN dice:

    …Y es que los humanos somos tan predeciblemente impredecibles, que no nos entendemos ni nosotros mismos. Lo entretenido es intentarlo. Lo exasperante es el empeño de algunos en clasificarlo todo al extremo…

  2. Fernando Escudero dice:

    Personalmente pienso que como clientes somos verdaderos camaleones consumistas y cuyos hábitos de consumo y hábitat se ven teledirigidos por publicistas (lo siento Nacho), modas, intereses económicos y demás colores que puedan aportar dichos entes como camaleones que igualmente son.

    La cuestión radica, a mi modo de ver, en el color, en el mimetismo. Si uno (el cliente) no se camufla suficientemente pero el consumismo sí, éste se funde con el terreno, preparando para ser eyectada su poderosa y pegajosa lengua, consiguiendo atrapar a su incauta víctima de una forma inexorable.

    Seamos pues zaristas, mercedistas, telepizzistas, coca-colistas, habanistas,… en fin, un sin fin de “istas” que harán de nosotros una pieza no fácil.

  3. Hola Miguel, de nuevo.

    ¿Porqué nos decidimos por un producto u otro, por un servicio u otro? Hay varios factores, y no siempre es el precio, desde luego. Nos podemos fijar en muchos factores, aunque para mi, el fundamental, es el servicio, como nos atienden, cuestión fundamental si detrás va un contrato de mantenimiento.
    Un abrazote,

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