Los “ni-si”

// Diciembre 20th, 2010 // Uncategorized

jovenes_grupo1Hace ya algunos años, bueno, algunos no, bastantes años; cuando pertenecía a ese grupo de edad denominado “jóvenes”; lideré un proyecto para la Casa de la Juventud de Pamplona en la que analizaba el tratamiento que daba la prensa escrita, valga la redundancia, a la juventud. El equipo de trabajo lo conformábamos unos diez  estudiantes universitarios de diversas ideologías y pelajes, que nos pegamos un señor curro analizando periódicos regionales y nacionales del momento buscando cómo se trataba a los jóvenes en los medios de comunicación, quitando internet. Bueno, no quitando en realidad, ya que en aquella época ni existía ni se imaginaba. El trabajo de investigación no tenía mucha  base científica –hay que reconocerlo-, pero si mucha ilusión detrás  y, como no podía ser de otra manera, poco beneficio. Consistía la cosa en repartirnos un periódico por barba y analizarlo a lo largo de todo un año buscando titulares en donde apareciera de una u otra manera la palabra “joven”.

El caso es que he recordado aquellos tiempos en los que no tenía mayor responsabilidad que mantener mi  “127” que, a la sazón,  era el bólido que me llevaba a la universidad cada día. ¡Menuda escuela fueron para mi aquellos trabajos de verano!  Duraban  tres mesecitos y con ellos  sufragaba los gastos de mi entonces caprichoso coche: de operario en una cadena de montaje, de camarero, de conserje de piscinas,…

Pero volviendo al trabajo de la Casa de la Juventud, recuerdo también cual fue el origen del mismo: un cabreo importante por el poco protagonismo que, según considerábamos, dedicaba la sociedad a los jóvenes. Nos quejábamos de que el mundo estaba gobernado por carrozas cuarentones y cincuentones cuyo único ideal era el dinero. Por lo que los jóvenes que estábamos llenos de ideales y con ganas de cambiar el mundo, molestábamos y  de qué manera.

Y todos estos melancólicos recuerdos me han surgido al leer  el dato de la Encuesta de Población Activa en la que se analiza a “la generación ni-ni”. Ese calificativo que se contrapone a “la generación si-si”. Para aclararlo: los primeros son los jóvenes que ni estudian ni trabajan y los segundos, todo lo contrario.

El hecho es que desde mi perspectiva actual de carroza que, por su profesión como formador en escuelas de negocios y profesor universitario, está en contacto permanente con los jóvenes; me ha dado por reflexionar si un joven de hoy en día  se hubiera pegado ese trabajo de hemeroteca que veinte años atrás un grupo de idealistas realizamos. Y me respondo que sí. Que hoy en día sigue habiendo jóvenes entusiastas que creen que el mundo puede ser de otra manera y que serían capaces de hacerlo mucho mejor viendo la cantidad de información de la que disponen a golpe de dedo en el ratón o en la pantalla de su smartphone.

Ahora bien, hace veinte años este análisis de “los ni-ni” y de “los si-si”, no se hubiera producido. Sencillamente porque no existía esa dicotomía.  Nosotros éramos la generación de los “ni-si”. Es decir, o estudiábamos o trabajábamos, pero las dos cosas a la vez en raras ocasiones. Eran pocos los jóvenes que a la vez que estudiaban trabajaran y sí muchos los que, en los meses de verano, tenían un empleo para poder sobrevivir el resto del año estudiando y sufragando los gastos que podíamos acarrear y acarreábamos a nuestras familias. Familias que, por otra parte, pagaban nuestros estudios gustosos porque sabían que al acabar la uni o la fp, llegaba la emancipación del hogar. Vamos como hoy en día, ¿no?

Pero la juventud de hoy tampoco tiene la culpa del todo. No hace mucho me decía un estudiante que no podía acudir a mis clases puntualmente porque salía tarde de trabajar. Me comentaba con resignación que, con los planes de estudios actuales, terminas los exámenes en víspera de sanfermín y empiezan las clases en la primera semana de septiembre con lo que tienes mes y medio para currar sin estudiar –para ser un ni-si vamos-; con lo que no tienes tiempo para rascar las pelas necesarias para ir tirando a lo largo del curso. Es decir, que de tres meses de trabajo en verano la cosa se queda reducida a un mes y medio con lo que no les queda más remedio que trabajar durante el curso para sufragar sus gastos con lo que el tiempo dedicado al estudio se ve irremediablemente afectado.

Pero es que les ha tocado vivir otra época. Un niño de diez años del año dos mil tiene ahora veinte. Muchos de estos jóvenes  han visto cómo sus padres se han endeudado hasta para poder irse de vacaciones. Es decir, chicos y chicas que han vivido la cultura de gastar hasta  lo que no tienes. Cultura alimentada por la especulación del suelo con el respaldo financiero de entidades de crédigo. Juventud que sabe que si falta algo basta con pedírselo al banco. “¿Qué ahora no sueltan un euro?, bueno pues no pasa nada, espero a que vuelvan los buenos tiempos y punto, que todo llegará. Mientras tanto, con un currelito de finde me vale para mi coche, mis gastos, mis viajes, etc.  Porque la carrera ya la sacaré, que allí lejos quedan los treinta y tantos que es la edad en la que empezaré a pensar en independizarme. Mientras tanto, a sacar perrillas y tomarse los estudios con filosofía, que tengo todo el tiempo del mundo para incorporarme al mercado laboral. Al fin y al cabo, ¿a dónde voy a ir tal y como está el patio?”

Los de mi generación tampoco teníamos mejores alternativas cuando nos tocaba afrontar el futuro, pero sí que teníamos una ventaja: estábamos educados en el esfuerzo y el sacrificio porque nuestros padres tampoco lo tuvieron fácil.

Y ¿quien tiene la culpa de todo?. Desde luego los jóvenes no, que son víctimas del monstruo de sociedad que han –o hemos, que no me borro- creado unos cuantos carrocillas contra los que, paradojas de la vida, yo mismo me rebelaba en mis tiempos universitarios leyéndome trescientos setenta y cinco ejemplares de un periódico cualquiera buscando respuestas al devenir de la juventud de principios de los noventa.

Eso sí, luego tenía tres meses de verano de trabajo para ganarme la vida. Trabajos que por cierto, siempre digo y me digo a mi mismo a menudo, fueron mi mejor universidad.

Estos son los chicos y chicas con los que a veces me topo en procesos de selección de comerciales. Los que me dicen que no les gusta trabajar los viernes, o me preguntan si para un trabajo de vendedor es necesario el coche, o si tendrán despacho propio. Y un largo etcétera. Jóvenes que no se ven motivados para empezar una carrera comercial y, directivos que, por las razones que venimos señalando, tampoco se deciden a contratarlos.

4 Responses to “Los “ni-si””

  1. Luis Mª dice:

    ¡¡Felices Fiestas !! gracias Miguel por tus comentarios y tu empeño en mostrarnos el mejor de los caminos.

    Que las ventas se muntipliquen como los panes y los peces.

  2. Nacho Sibón dice:

    Yo me pagué la carrera (pedagogía), vendiendo seguros, poniendo copas, de locutor en la radio, vendiendo publicidad, coches… ¡de todo!
    No tenía un 127, sino un vespino de segunda mano que temblaba más que un pavo en Navidad…
    Y no se si cuando llegue el momento, me atreveré a decirle a mis hijos que se pongan a currar para pagarse la carrera, o los “gastos”…
    Habré de ser fuerte para darles esa libertad. Me da miedo. :-(
    Pero de lo que no cabe duda, es que uno se debería insertar en el mercado laboral desde que comienza los estudios: para cuando terminas tu formación, tiene un rodaje y experiencia que vale, como decimos en Cadiz: “una Jhartá”.

    Zorionak eta urte barrigón! :-)

  3. Vivancos dice:

    Sin duda comparto lo expuesto por Miguel, yo también compaginaba estudios con trabajos de verano en bares, locutorios de “Timofónica”, incluso recuerdo con anelo mi experiencia como vendedor de refrescos tirando de nevera en las playas de mi “Cai” querido, que tiempos, pero sirven de experiencia para darnos cuenta del sacrificio que supone llegar a conseguir algo, es preocupante la desidia y falta de motivación de la juventud actual, que metas tienen, que ilusiones y que futuro nos espera a todos, ya que tarde o temprano ellos tendrán que tirar del carro, veremos entonces la repercusión que tiene este modelo de “ni-ni” que por suerte o desgracia, mas bien lo último, como bien dices hemos creado entre todos.

    Casualidades de la vida, en estos momentos de “Incertidumbre” es cuando doy el salto al mundo comercial, aunque ilusión y sacrificio no me faltan, y la suerte de contar con un excelente entrenador al que estaré eternamente agradecido, el apasionante mundo de los seguros me espera ;-)

    Un abrazo y ¡¡¡Felices Fiestas¡¡¡ a todos

  4. Grande el Articulo que hasta hoy no he podido disfrutar , pienso que la sociedad no es un buen ejemplo; que en los puestos de Responsabilidad, Altos Cargos de la mayoria de las Empresas casi siempre por no decir siempre, nunca haya personas de 30 a 40 años cuando baio mi punto de vistya es la mejor edad para desarrollar capacidades y a ganas no nos va a ganar nadie no es normal, estas cosas no ayudan aparte de que tambiem estan como bien dices la sociedad del bienestar que nos ha tocado vivir donde parecia que todo valia ahora resulta que no es asi que como es logico sin exfuerzo no hay recompensa…….algo que deben aprender todavia muchos jovenes que estan esperando como bien dices a que pase el temporal y vuelva los tiempos de antaño….pero no por suerte o por desgracia es muy complicado que esos tiempos vuelvan por lo que el que no espabile se quedara atras, hae tiempo que empezo la carrera.
    Saludos

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