La honestidad de Larry en “El pez gordo”
// Febrero 27th, 2011 // Uncategorized
No sé todavía como me he resistido durante tanto tiempo a la tentación de hablar de “El pez gordo” o, en su título original, que poco tiene que ver con la traducción, “The big Kahuna”. Una teatralizada película o un teatro cinematografiado, según se mire; donde tan sólo intervienen tres actores y donde prácticamente toda la acción se desarrolla en la habitación de un hotel.
Es una película por tanto austera y sórdida en la que tres vendedores se reúnen en un hotel de una ciudad de tamaño medio norteamericana para intentar hacer negocios con un posible gran cliente que se aloja en el mismo establecimiento con ocasión de una convención. Los perfiles de los tres vendedores están muy definidos. Cada uno de ellos representa una generación concreta: Phil, un veterano vendedor interpretado por Danny de Vito, es un personaje fascinante que tiene su vida vacía. Una vida que, tras echar la vista atrás, la ve vacía y ahora, en el momento de iniciar el ocaso de la misma; sufre la agonía de no encontrar respuestas sencillamente porque no sabe las preguntas adecuadas.
Larry, -Kevin Spacey-, unos diez años más joven que Phil, representa al vendedor triunfador. Está en la cúspide de su carrera y nada se le pone por delante. No se hace las preguntas que busca Phil porque sencillamente todavía no se las ha planteado.
El último personaje es el de Bob. Lo interpreta Peter Facinelli, un actor que no ha tenido hasta el momento una exitosa carrera. Bob es un joven entusiasta que acude a su primer viaje comercial. Es un tanto ingenuo y entusiasta, de profundas convicciones religiosas; piensa que sus valores son los correctos y se permite el lujo de juzgar las acciones y principios de sus veteranos compañeros de viaje. Piensa que las preguntas y las respuestas son sencillas porque, simplemente, por su juventud, tan sólo han sido formuladas pero aún no puestas en práctica.
La película no tiene desperdicio. La habré visto sin exagerar, más de veinte veces. Todavía me sorprendo al verla. Además de los actores, que están soberbios, sus diálogos son increíblemente buenos. Sobre todo los del final de la cinta. Por último, mientras aparecen las letras de crédito, no hay que perderse el epílogo que es sencillamente inigualable.
Cuando ya la has visto varias veces, ves a un cuarto protagonista: los espejos. Aparecen o se nombran en no menos de una docena de veces en la cinta. A veces es un simple reflejo de un cristal. Y es que cada uno de los personajes trata de descubrir en esa misión comercial quién es y a dónde va. Es una búsqueda interior profunda llena de preguntas cuyas respuestas se buscan a través del espejo, como si estuvieran en uno mismo. No dejas de reflexionar ni un momento sobre la difícil vida de un vendedor. Sobre la soledad de la misma. A la vez que te interrogas sobre el sentido de nuestro trabajo. De hecho, sin ánimo de resolver nada de la cinta; la misma deja a criterio del espectador la decisión sobre la eterna discusión de si es necesario partir de una amistad para conseguir ventas o si, por el contrario, es mejor aislar las amistades de los negocios.
Este debate centra el final de la película que es donde aparece la cuestión de la honestidad. La honestidad es una de las grandes cualidades de un vendedor. ¿Por qué lo sé? Muy sencillo, porque en todos los seminarios o cursos de venta que imparto, pregunto al grupo sobre las cualidades de un buen comercial y la de la honestidad sale siempre y por consenso. No la sugiero yo, sale espontáneamente. ¿Y qué es ser honesto? Pues básicamente consiste en no hacer a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti.
En “El pez gordo” ocurre que la honestidad está en tela de juicio. De hecho es un reproche que le hace el joven Bob a Larry, el vendedor triunfador. Larry abandona la habitación enojado tras una más que tensa discusión. Phil, el vendedor más veterano y amigo desde hace mucho tiempo de Larry, se queda a solas con Bob al que da una lección que paso a transcribir:
Phil: El hombre que acaba de salir de esta habitación es un gran amigo mío. ¿Y sólo porque le conozco desde hace mucho tiempo? Te aseguro que he tratado con muchas personas durante mucho tiempo y a algunas no les dejaría ni limpiar el culo a mi perro. A otras puedo tomarlas o dejarlas. Me importa un comino. A Larry le considero un amigo. ¿Y sabes por qué? Porque confío en él. Sé que puedo confiar en él, es honesto.
Bob: ¿Es honesto o simplemente franco?
Phil: Honesto y franco también. A veces ser franco forma parte de ser honesto. Hay personas que son francas y no son honestas. Y Larry no es uno de ellos. Larry es un hombre honesto. Tú también eres un hombre honesto Bob. Estoy convencido que en alguna parte, muy dentro de ti, hay algo que lucha por ser honesto. La pregunta que tienes que hacerte a ti mismo es si eso está marcando toda tu vida.
Bob: ¿Qué quieres decir?
Phil: Quiero decir que el que tu hables de Jesucristo no es diferente a que Larry o cualquier otro hable de lubricantes, lo que vendas es lo de menos, ya sea Jesús, Buda o los derechos civiles o como ganar dinero con las inmobiliarias sin invertir nada. Eso no te convierte en un ser humano. Te convierte en un agente de ventas. Si quieres hablas con alguien, honestamente, como un ser humano, pregúntale por sus hijos, descubre cuáles son sus sueños. Sólo por saberlos, por ninguna otra razón. Porque cuando metes mano en una conversación, para dirigirla, deja de ser una conversación. Y tú no eres un ser humano sino un agente de ventas.
Bob (cariacontecido y a punto de llorar): Bueno, perdona pero no estoy de acuerdo contigo.
Phil: Esta tarde hemos estado hablando de personalidad. Me preguntabas por la personalidad. Que si era algo que se notaba en la cara. Pero la cuestión es algo mucho más profundo. Me has preguntado. Querías saber si creías que tenías personalidad. Pues ahora voy a darte mi sincera opinión: no la tienes. Por la sencilla razón de que no te arrepientes de nada.
Bob: ¿Estás diciendo que no tendré personalidad hasta que haga algo que lamente?
Phil: No Bob. Ya has hecho muchas cosas de las que podrías arrepentirte. Pero todavía no lo sabes. Cuando empieces a descubrirlas, cuando te des cuenta de los errores que has cometido… Y así poderlos rectificar a pesar de que no puedes porque ya es tarde. No te quedará más remedio que llevarlos contigo. Como evidencia de que la vida pasa, de que el mundo girará sin ti, de que en realidad no eres nadie. Entonces surgirá tu responsabilidad. Porque la honestidad saldrá desde lo más profundo de ti y quedará como una marca indeleble en tu cara. Hasta ese día, sin embargo, no se puede esperar ir más allá de cierto punto.
Bob (musitando): ¿Puedo irme ya?
Phil: Vete.
Bob: Gracias.
Phil: Buenas noches.

Honestidad y fanqueza pero no solo en el ámbito comercial, sino en la vida misma. Al igual que el sentido común que es el menos común de los sentidos. Antes eran nuestros padres los que nos decían cómo nos teníamos que comportar, ahora, nos lo dice el gobiermo (jaaarrrlllll….). ¿Estaremos peor de lo que nos parece y no nos hemos dado cuenta? ¿Qué opina Zapatero de todo esto?
Miguel… como tu, habre visto esta pelicula mas de 20 veces… y como tu este parrafo del final es para mi lo mas importante de la misma, independienteme de que desde el primer segundo la pelicula transmite cosas relacionadas con el mundo de las ventas, tambien nos muestra que lo que somos nos hace y define nuestras formas y maneras a la hora de tratar con los demas y que tambien nuestras esperiencias vitales perfilan nuestro estilo a la hora de relacionarnos, enseñandonos lo que verdaderamente importa… que al final lo importante es poderse mirar al espejo y verse bien… Un abrazo.
La verdad es que tengo pendiente de ver esta peli, pero al tema en cuestión hacía referencia Dan Ariely en su libro “Las trampas del deseo” y dejaba en evidencia a más de uno en cuanto a la honestidad de la condición humana.
Una característica que todo (buen) comercial debiera defender….
Salu2.