“Argoderse”

// diciembre 4th, 2012 // Uncategorized

No es fácil hacer thrillers políticos, a la vez que cuentas una historia diferente salpicada con buenas dosis de humor.  Pues bien, Argo lo consigue. Una película con mayúsculas que he disfrutado este fin de semana.

La historia que nos cuenta, basada en hechos reales, tal y como se nos anuncia en el segundo uno de película; es la de seis miembros de la embajada estadounidense en el Irán de Jomeini que, cuando observan que las masas enfurecidas  invaden la embajada, consiguen escapar y refugiarse en la embajada canadiense. A partir de ese momento, desde la CIA, se urde un plan para sacar a los seis diplomáticos del país. Para ello un agente se haga pasar por productor de cine y, los seis inquilinos de la casa del embajador de Canada, serán su equipo de rodaje. Así, con la excusa de que han ido a buscar exteriores para la película, tratar de sacarlos de Irán. Todo ello mientras los rebeldes iraníes tratan por supuesto de encajar las piezas y comprobar si todos los rehenes que tienen en la embajada de Estados Unidos son los que  tienen que estar o sí como se temen, hay algunos que han conseguido escapar.

Lo cierto es que no conocía esta historia brillantemente dirigida por Ben Affleck y producida, entre otros, por George Clonney.  La ambientación de la época es perfecta y el guión magnífico, salpicado con golpes de humor fantásticos a través de tres muy buenos secundarios: John Goodman, Alan Arkin y Bryan CRanston.

Argo es la película dentro de la película. Es decir la película que supuestamente se va a rodar en Irán  tiene ese título. La falsa película canadiense sería un film de ciencia ficción cuyo cartel se parece mucho al de Star Wars. De hecho, Argo encierra una crítica no disimulada a la moda de principios de los ochenta de hacer películas de ciencias ficción con tramas bastante absurdas, decorados exuberantes, robots estúpidos y criaturas estelares imposibles. Moda que precisamente se desarrolló a partir del éxito de La guerra de las galaxias. Recuerdo especialmente de aquella época la película Flash Gordon.  Un bodrio infumable que no lo salva ni la música de Queen que le acompaña.

Los diplomáticos estadounidenses en la embajada canadiense, tuvieron un día, sólo un día, para aprenderse un papel  y encajar en una nueva personalidad para poder así salir del país. Y no se trata solamente de fingir ser un buen cámara o una buena directora artística; se trata de aprenderte de memoria toda la historia de tu personaje: su trayectoria profesional y personal. Y no sólo eso, aprenderte usos y costumbres canadienses y hasta el acento canadiense para poder pasar así la maraña de seguridad tejida en el aeropuerto de Teherán. Casi nada.

Les hubiera ayudado sin duda a los diplomáticos de la embajada una experiencia como vendedores que no tenían. Ya que los vendedores también tenemos algo de teatralidad y de artificiosidad en lo que hacemos con el objeto de tocar la fibra sensible de nuestros clientes y que se decanten sobre nuestra propuesta.

Pero hoy día, dada la coyuntura económica tan desfavorable que atravesamos, hay cada vez más personal en las empresas que están incorporando a funciones comerciales y lo hacen, como los diplomáticos yanquis, porque no les queda más remedio. Ahora bien, los diplomáticos sabían que su actuación les podía salvar la vida. Y de eso se trataba, de una misión de vida o muerte ya que si fueran descubiertos, su destino era la muerte segura y, a buen seguro, previo torturas.

Las empresas también tienen una situación bastante preocupante y, en no pocos casos, de pura supervivencia. Es el momento de que todos formen parte de una manera u otra del departamento de ventas. Es decir, los que saben vender y están entre sus funciones hacerlo, que lo sigan haciendo con más ahínco que nunca y, los que no saben y no estaba entre sus funciones hacerlo; tienen ahora también la responsabilidad de traer negocio a la empresa. Y si para ello deben adoptar un rol de vendedor, que lo hagan.

Y los empresarios y directivos que se preocupen de la formación en ventas de su personal  que esto no es una profesión en la que -aunque alguno diga lo contrario-, se nazca aprendido. Tienen más tiempo y recursos que Tony Mendez –el personaje de la CIA interpretado por Ben Affleck-, para conseguir que su personal adquiera habilidades de venta y, de una manera u otra, se meta en el papel de vendedor.

Que no olviden sobre todo los pequeños empresarios, que la formación que puede impartir en su empresa  o la asistencia de su personal a cursos de pago, puede ser subvencionada. Un derecho que no todos lo aprovechan. Y es ahora, cuando se está en la planificación del próximo ejercicio, donde se deben analizar los tiempos y recursos dirigidos a la formación de sus equipos.

Si no se hace, habrá que proclamar a los directivos  el grito de guerra que entonan los personajes interpretados por John Goodman y Alan Arkin, que hacen el papel de productores de Hollywood en Argo: “Hay que argoderse”.

2 Responses to ““Argoderse””

  1. Qué verdad es que los vendedores, somos unos actores… Interpretamos un papel que nos tenemos que creer… pero que, cuando no nos lo creemos: se nota, sobre todo en los (“Buenos?”) vendedores, que somos incapaces de vender un producto o servicio en el que no creemos.
    Si que es verdad que a fuerza de estar siempre alegres, lo estamos SIEMPRE: Cuando trabajamos y cuando trabajamos (Eiiinnn?): Si. Mire Usted, es que siempre trabajamos: es nuestra VIDA.
    Apoyo al 100% el tema de la necesidad de formación: uno no puede salir a la calle con solo un catálogo bajo el brazo… pero que no por mucha formación, un portero se convierte en delantero (o si?).(Y mira que no me gusta el Fútbol..) :-)
    Un Saludito a todos, y larga Vida al Rock’n'Roll…!!!

    Hace unos días me enteré de la marcha de mi buen amigo Ramón Gaztelu. Desde Aquí mi Cariño a su Memoria. GRANDE RAMÓN. MUY GRANDE.

    (Miguel. Gracias por estar ahí…)

  2. Manuel López Gallo dice:

    Querido Miguel,

    Estoy releyendo el libro “¿Eres imprescindible?” de mi gurú de cabecera (Después del maestro Iribertegui, claro) Seth Godin, donde habla, entre otras muchas cosas de nuestro “cerebro reptiliano” que nos limita e intenta impedir que hagamos cambios en nuestro modo de vida y costumbres.

    ¿Como entronca esto con tu post? Yo he impartido (y he vendido) mucha formación técnica (Especialmente en el sector de las instalaciones) y, como cualquiera, es un sector con muchas tipologías de clientes “empresarios” distintos. Pero la mayoría tenían un cerebro reptiliano que les eclipsaba lo poco que les quedaba de los otros cerebros posibles. Una de las objecciones (Y era sincera) era: “Como voy a formar a mis empleados, si luego saben mucho y se me van a la competencia o se instalan por su cuenta”…

    No obstante no les culpo, eran tiempos donde el trabajo venía solo y podían permitirse el lujo de rechazar trabajos por no poder atenderlos, en esas condiciones de mercado los que objetaban lo anterior no crecían como empresa, pero sobrevivían y ellos creían que les iba bien.

    Hoy ninguna empresa sobrevivirá si quien la gobierna deja que su cerebro reptiliano se apodere de él. La formación es una pieza básica, a todos los niveles, en cualquier empresa y en cualquier departamento de la misma.

    Hay dos frases que me han acompañado a lo largo de mi vida y mi experiencia como formador e impartiendo seminarios.

    La primera se la dijo el director de una fábrica al director de la ETSII de Vigo en una jornada a la que asistíamos los estudiantes: “Tu dámelos que sepan andar que a correr ya les enseño yo, pero es imprescindible que les enseñe a correr”. Yo he intentado siempre enseñar a correr a todos aquellos con los que he compartido trabajo.

    La segunda la he seguido al pie de la letra y se convirtió en mi filosofía de trabajo cuando he tenido que enseñar lo poco que sé, es una frase del presidente americano Calvin Coolidge que dice: “La educación no es enseñar a los hombres lo que deben pensar, es enseñarles a pensar”.

    Buen puente a todos.

    Un abrazo,

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