“Argoderse”

No es fácil hacer thrillers políticos, a la vez que cuentas una historia diferente salpicada con buenas dosis de humor.  Pues bien, Argo lo consigue. Una película con mayúsculas que he disfrutado este fin de semana.

La historia que nos cuenta, basada en hechos reales, tal y como se nos anuncia en el segundo uno de película; es la de seis miembros de la embajada estadounidense en el Irán de Jomeini que, cuando observan que las masas enfurecidas  invaden la embajada, consiguen escapar y refugiarse en la embajada canadiense. A partir de ese momento, desde la CIA, se urde un plan para sacar a los seis diplomáticos del país. Para ello un agente se haga pasar por productor de cine y, los seis inquilinos de la casa del embajador de Canada, serán su equipo de rodaje. Así, con la excusa de que han ido a buscar exteriores para la película, tratar de sacarlos de Irán. Todo ello mientras los rebeldes iraníes tratan por supuesto de encajar las piezas y comprobar si todos los rehenes que tienen en la embajada de Estados Unidos son los que  tienen que estar o sí como se temen, hay algunos que han conseguido escapar.

Lo cierto es que no conocía esta historia brillantemente dirigida por Ben Affleck y producida, entre otros, por George Clonney.  La ambientación de la época es perfecta y el guión magnífico, salpicado con golpes de humor fantásticos a través de tres muy buenos secundarios: John Goodman, Alan Arkin y Bryan CRanston.

Argo es la película dentro de la película. Es decir la película que supuestamente se va a rodar en Irán  tiene ese título. La falsa película canadiense sería un film de ciencia ficción cuyo cartel se parece mucho al de Star Wars. De hecho, Argo encierra una crítica no disimulada a la moda de principios de los ochenta de hacer películas de ciencias ficción con tramas bastante absurdas, decorados exuberantes, robots estúpidos y criaturas estelares imposibles. Moda que precisamente se desarrolló a partir del éxito de La guerra de las galaxias. Recuerdo especialmente de aquella época la película Flash Gordon.  Un bodrio infumable que no lo salva ni la música de Queen que le acompaña.

Los diplomáticos estadounidenses en la embajada canadiense, tuvieron un día, sólo un día, para aprenderse un papel  y encajar en una nueva personalidad para poder así salir del país. Y no se trata solamente de fingir ser un buen cámara o una buena directora artística; se trata de aprenderte de memoria toda la historia de tu personaje: su trayectoria profesional y personal. Y no sólo eso, aprenderte usos y costumbres canadienses y hasta el acento canadiense para poder pasar así la maraña de seguridad tejida en el aeropuerto de Teherán. Casi nada.

Les hubiera ayudado sin duda a los diplomáticos de la embajada una experiencia como vendedores que no tenían. Ya que los vendedores también tenemos algo de teatralidad y de artificiosidad en lo que hacemos con el objeto de tocar la fibra sensible de nuestros clientes y que se decanten sobre nuestra propuesta.

Pero hoy día, dada la coyuntura económica tan desfavorable que atravesamos, hay cada vez más personal en las empresas que están incorporando a funciones comerciales y lo hacen, como los diplomáticos yanquis, porque no les queda más remedio. Ahora bien, los diplomáticos sabían que su actuación les podía salvar la vida. Y de eso se trataba, de una misión de vida o muerte ya que si fueran descubiertos, su destino era la muerte segura y, a buen seguro, previo torturas.

Las empresas también tienen una situación bastante preocupante y, en no pocos casos, de pura supervivencia. Es el momento de que todos formen parte de una manera u otra del departamento de ventas. Es decir, los que saben vender y están entre sus funciones hacerlo, que lo sigan haciendo con más ahínco que nunca y, los que no saben y no estaba entre sus funciones hacerlo; tienen ahora también la responsabilidad de traer negocio a la empresa. Y si para ello deben adoptar un rol de vendedor, que lo hagan.

Y los empresarios y directivos que se preocupen de la formación en ventas de su personal  que esto no es una profesión en la que -aunque alguno diga lo contrario-, se nazca aprendido. Tienen más tiempo y recursos que Tony Mendez –el personaje de la CIA interpretado por Ben Affleck-, para conseguir que su personal adquiera habilidades de venta y, de una manera u otra, se meta en el papel de vendedor.

Que no olviden sobre todo los pequeños empresarios, que la formación que puede impartir en su empresa  o la asistencia de su personal a cursos de pago, puede ser subvencionada. Un derecho que no todos lo aprovechan. Y es ahora, cuando se está en la planificación del próximo ejercicio, donde se deben analizar los tiempos y recursos dirigidos a la formación de sus equipos.

Si no se hace, habrá que proclamar a los directivos  el grito de guerra que entonan los personajes interpretados por John Goodman y Alan Arkin, que hacen el papel de productores de Hollywood en Argo: “Hay que argoderse”.

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